Boca 2 River 0
Goles: Gary Medel y Gary Medel
Expulsados Gary Medel
Hay un dicho futbolístico que dice que los clásicos no se juegan, se ganan. Por las dudas Boca lo jugó y lo ganó. Resurgió el “huevo Xeneize”, todos y cada uno de los jugadores dejaron todo en la cancha para ganar esta nueva edición del Superclásico, tal como lo habían juramentado durante la semana anterior. Boca, con juego y huevo, humilló a un River pobrísimo, triste en ataque, débil en defensa e inexistente en el mediocampo. Gallardo y Almeyda no pesaron como líderes de equipo y se notó en demasía la falta de actitud del conjunto “Millonario”.
En la previa hablaron mucho nuestros hijos y, cuando un hijo le falta el respeto a un padre ya se sabe lo que pasa. Sus intenciones de dejarnos últimos (como se nota que todavía les duele haber sido colistas en el Apertura que ganó el Boca de Ischia) sucumbieron ante el poderío Xeneize.
En todas sus líneas Boca respondió. Pareciera que, por fin, Abel Alves encontró el equipo. Nadie confiaba en la defensa que había planteado y, sin embargo, Muñoz la rompió de cuatro, Monzón jugó un gran partido como tres (gran participación en el segundo gol) y Bonilla (convincente actuación en su debut) y Luiz Alberto ofrecieron seguridad y lograron conformar una dupla que anuló a los delanteros rivales.
Todo es distinto cuando el equipo juega con un cinco. Jesús Méndez por fin jugó en su posición natural y fue una de las figuras del encuentro. Con Rosada como volante central los defensores se sentían desprotegidos y los otros mediocampistas no podían irse al ataque. Hoy, con el ex Rosario Central controlando el mediocampo, Boca presionó arriba y logró superar ampliamente a su rival en el control de la pelota y en el dominio de las divididas.
Medel fue, junto con Riquelme, la figura excluyente del encuentro. El chileno es un jugador que, desde que llegó, se ganó el derecho a vestir la camiseta azul y oro. Tiene todo para convertirse en ídolo de la hinchada Xeneize: es combativo, juega bien y se hace respetar dentro de la cancha.
Párrafo aparte para Matías Giménez. El ex Tigre pidió su oportunidad y la aprovechó cuando le llegó. No le pesó para nada el clásico y fue clave en el primer tiempo del conjunto Xeneize. Con continuidad puede llegar a adueñarse de un puesto que desde la partida de Jesús Dátolo no tiene un inamovible.
¿Qué decir de Juan Román Riquelme? Ya no hay adjetivos para describir lo que significa el ídolo más grande la historia Xeneize. La rompió, manejó los hilos del encuentro y fue la figura excluyente de Boca. Será difícil que alguien, a lo largo de la historia, pueda superar lo que hizo y hace Román con la camiseta azul y oro. Emociona ver a un crack de su magnitud con las medias bajas encarando solo y dominando la pelota frente a todo un equipo rival, haciendo imposible que le puedan quitar la pelota. Más emocionante aún la arenga del gran diez a sus hinchas y el gran abrazo que se dio con Abel Alves al terminar el encuentro.
Justamente al “Chueco” debemos reconocerle que planteó un buen partido frente a este mediocre River. Se la jugó con Bonilla y Luiz Alberto como centrales, sorprendió con Muñoz como lateral y se decidió por fin a poner a cada jugador de lo que juega (Méndez de 5 y Medel de 8).
Esta victoria ante un equipo deslucido y paupérrimo (con aires de equipo protagonista y futuro campeón) no hace olvidar un semestre horrible. La victoria tiene que servir para empezar a cambiar una realidad torcida en los últimos tiempos. Pero hoy, después de semejante victoria y tamaña demostración de actitud y fútbol, nos tenemos que permitir festejar. Porque extendemos la paternidad, porque Boca bailó a un River que en la previa parecía el Barcelona de Guardiola y porque somos del club más grande del Mundo, con la hinchada más grande y gloriosa y con unos jugadores que hoy dejaron todo. Olvidate por un momento de las penas y festejá porque el juramento sagrado de los jugadores se cumplió y ahora solo queda abrazarnos y gritar todos juntos por fin: ¡¡¡MUCHAS GRACIAS BOCA!!!