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#178748
liga bbva | getafe 1 - atlético 0
El Atlético se instala en la vulgaridad

Quique apostó por De Gea y por un dibujo en rombo pero el Atlético fue víctima de nuevo de su propia mediocridad. Perdió por primera vez en Getafe, no creó ocasiones y terminó con diez por expulsión de Assunçao. Manu marcó el único gol del partido y dio tres merecidos puntos a un Getafe que sin hacer un buen partido se mostró mucho más aseado que su rival, con un plan, trabajo y propósito. Al Atlético, pésimo y ya a once puntos de la Champions, le queda la correcta actuación de De Gea como única buena noticia. Lo demás, la nada.

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Detrás de la épica, de la histeria, de la ruleta rusa, no hay plan. Detrás de la pegada de sus delanteros, no hay nada. Porque a eso se parece el Atlético, a la nada, al cero absoluto, a una sombra diluida de lo que debería ser un equipo de fútbol. Un buen equipo de fútbol, supongo. A este lastimoso Atlético no se le resisten ni sus propias rachas -un buen arranque de 2010, tres triunfos seguidos en Liga- ni sus propios hitos. Hoy ha hecho todos los méritos necesarios para dejar de ser el único equipo de Primera invicto en el Coliseum de Getafe. Y lo ha conseguido.

El Coliseum dejó de ser talismán porque la realidad es más poderosa que cualquier superstición y cualquier estadística, del signo que sea. El Atlético vive en el aire, pendiente de los elementos. Parece incapaz de influir en lo que le rodea. Si llueve o si sale el sol, si marca o le marcan. Y lo peor es que tiende a hacerse previsible en lo mediocre, en lo vulgar. Cada vez es más lineal en su estampa más anticlimática y cada vez tiene menos picos en su ciclo vital. Es una línea muerta que juega sin confianza y sin espíritu, pendiente de que el balón llegue de alguna manera -mecánica, física, química o mágica- a Agüero y Forlán, Forlán y Agüero, y que estos enciendan al equipo. Si eso no sucede, si los puntas no tienen su día o si simplemente resultan desasistidos durante los 90 minutos, Dios proveerá. O no.

Al Getafe, y eso es lo peor para el Atlético, le bastó con menos de lo justo para ganar y meter ya siete puntos a su vecino, supuestamente de clase alta. Algo despistado en Liga por la Copa, selló un triunfo que vale la mejor primera vuelta de su historia y lo hizo porque hasta en un día gris demostró ser un equipo con un trabajo y una idea, con un plan y una constancia integral en la gestión de sus recursos. Lo contrario, exactamente las antípodas, de la delicada situación de un Atlético en el que Quique toca teclas pero la melodía se desafina cada vez más. Cambiar todo para que nada cambie: Raúl García y Ujfalusi se quedaron en el banquillo esta vez, como Tiago y como Asenjo. En un nuevo paso en la escalada armamentística que sacude al debate en torno a la portería rojiblanca (lo que faltaba) De Gea fue titular también en Liga y realizó un buen partido. Además, Jurado se incrustó detrás de los puntas para dejar a Assunçao con campo abierto en la medular y plantear un equipo más ofensivo y en rombo, sin el habitualmente oxidado y opaco doble pivote.

Ni posesión ni seguridad

Nada. El nuevo dibujo no cambió nada, el cambio de cromos tampoco. De Gea realizó un buen partido pero por delante de él todo era tierra quemada, la orquesta de la miseria. Quique clamó tras el sonrojo ante el Celta por los defectos que son ya paradigma de este equipo: cualquier rival le quita el balón, le domina y le crea muchas ocasiones. Hubo incluso sesiones de vídeo. Pero no cambió nada. El Getafe le dominó y le controló, por posesión y ritmo, y llegó más, lo suficiente para hacer un gol en el primer tiempo y rondar otro en el segundo.

Porque el problema, supongo que es vox populi, es de confección, de diseño. Está en la raíz y pudre todo, pervierte cualquier intención. La plantilla está mal confeccionada y se desangra porque en fútbol hay que hacer más cosas que sacar balones de una portería y meterlos en la otra. Hay portero y delanteros, pero la defensa sigue siendo un flan sin jerarquía y sin seguridad y el centro del campo sigue siendo gelatinoso, flácido, vacuo. Assunçao terminó expulsado, Jurado se desentendió, Reyes no apareció, Simao empezó intenso y terminó desaparecido, y no mejoró absolutamente nada con la entrada de Tiago o Raúl García.

El Getafe sólo sufrió durante los primeros minutos, en un saneado arranque de un Atlético que tocó y jugó, móvil y comprometido. Un espejismo que desapareció en cuanto Casquero empezó a lanzar a sus hombres de banda. Y entre la molestia que generaba un hiperactivo Soldado se le filtraron a la defensa rojiblanca dos puñales: Manu por la izquierda y sobre todo Pedro León por la derecha. El primero remató en el segundo palo un buen servicio del segundo en el gol del partido. Una buena jugada que descubrió a la defensa del Atlético, blanda y sin jerarquía en el mejor y más generoso de los casos.

La segunda parte afirmó y marcó todas las tendencias que apuntó la primera. El Atlético no tuvo reacción, no mostró ninguna intención, ni calidad ni vida espiritual. Se dejó ir sin constantes vitales, un fantasma sobre el césped que no dio tres toques, no llegó ni siquiera obligado por la necesidad y, con diez, puso en bandeja el triunfo a un Getafe que no se movió del aprobado raspado y aún así pudo remachar en un par de buenas ocasiones de Soldado. El rival no le exigió más y el partido fue durante muchos minutos más que insulso; plano, previsible, sin tensión.

Seguramente esa segunda parte retrate el momento actual del Atlético. Porque ni siquiera tuvo ilusión, capacidad para llevar por aire o mar ya que por tierra no había forma. Porque ni siquiera se las ingenió, como suele acostumbrar, para lanzar un puñado de balones a Agüero y Forlán, los que tantas veces le dan réditos que su juego ni merece ni justifica. Ante un Getafe simplemente sólido, el Atlético se hundió en su propia vulgaridad a las primeras de cambio, sin presentar siquiera batalla. Y tiene la Champions a once puntos. Casi cuatro partidos y una vuelta de la Liga por delante. Negro, muy negro panorama...

Fuente: AS
#178751
Uldhrued escribió:liga bbva | getafe 1 - atlético 0
El Atlético se instala en la vulgaridad

Quique apostó por De Gea y por un dibujo en rombo pero el Atlético fue víctima de nuevo de su propia mediocridad. Perdió por primera vez en Getafe, no creó ocasiones y terminó con diez por expulsión de Assunçao. Manu marcó el único gol del partido y dio tres merecidos puntos a un Getafe que sin hacer un buen partido se mostró mucho más aseado que su rival, con un plan, trabajo y propósito. Al Atlético, pésimo y ya a once puntos de la Champions, le queda la correcta actuación de De Gea como única buena noticia. Lo demás, la nada.

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Detrás de la épica, de la histeria, de la ruleta rusa, no hay plan. Detrás de la pegada de sus delanteros, no hay nada. Porque a eso se parece el Atlético, a la nada, al cero absoluto, a una sombra diluida de lo que debería ser un equipo de fútbol. Un buen equipo de fútbol, supongo. A este lastimoso Atlético no se le resisten ni sus propias rachas -un buen arranque de 2010, tres triunfos seguidos en Liga- ni sus propios hitos. Hoy ha hecho todos los méritos necesarios para dejar de ser el único equipo de Primera invicto en el Coliseum de Getafe. Y lo ha conseguido.

El Coliseum dejó de ser talismán porque la realidad es más poderosa que cualquier superstición y cualquier estadística, del signo que sea. El Atlético vive en el aire, pendiente de los elementos. Parece incapaz de influir en lo que le rodea. Si llueve o si sale el sol, si marca o le marcan. Y lo peor es que tiende a hacerse previsible en lo mediocre, en lo vulgar. Cada vez es más lineal en su estampa más anticlimática y cada vez tiene menos picos en su ciclo vital. Es una línea muerta que juega sin confianza y sin espíritu, pendiente de que el balón llegue de alguna manera -mecánica, física, química o mágica- a Agüero y Forlán, Forlán y Agüero, y que estos enciendan al equipo. Si eso no sucede, si los puntas no tienen su día o si simplemente resultan desasistidos durante los 90 minutos, Dios proveerá. O no.

Al Getafe, y eso es lo peor para el Atlético, le bastó con menos de lo justo para ganar y meter ya siete puntos a su vecino, supuestamente de clase alta. Algo despistado en Liga por la Copa, selló un triunfo que vale la mejor primera vuelta de su historia y lo hizo porque hasta en un día gris demostró ser un equipo con un trabajo y una idea, con un plan y una constancia integral en la gestión de sus recursos. Lo contrario, exactamente las antípodas, de la delicada situación de un Atlético en el que Quique toca teclas pero la melodía se desafina cada vez más. Cambiar todo para que nada cambie: Raúl García y Ujfalusi se quedaron en el banquillo esta vez, como Tiago y como Asenjo. En un nuevo paso en la escalada armamentística que sacude al debate en torno a la portería rojiblanca (lo que faltaba) De Gea fue titular también en Liga y realizó un buen partido. Además, Jurado se incrustó detrás de los puntas para dejar a Assunçao con campo abierto en la medular y plantear un equipo más ofensivo y en rombo, sin el habitualmente oxidado y opaco doble pivote.

Ni posesión ni seguridad

Nada. El nuevo dibujo no cambió nada, el cambio de cromos tampoco. De Gea realizó un buen partido pero por delante de él todo era tierra quemada, la orquesta de la miseria. Quique clamó tras el sonrojo ante el Celta por los defectos que son ya paradigma de este equipo: cualquier rival le quita el balón, le domina y le crea muchas ocasiones. Hubo incluso sesiones de vídeo. Pero no cambió nada. El Getafe le dominó y le controló, por posesión y ritmo, y llegó más, lo suficiente para hacer un gol en el primer tiempo y rondar otro en el segundo.

Porque el problema, supongo que es vox populi, es de confección, de diseño. Está en la raíz y pudre todo, pervierte cualquier intención. La plantilla está mal confeccionada y se desangra porque en fútbol hay que hacer más cosas que sacar balones de una portería y meterlos en la otra. Hay portero y delanteros, pero la defensa sigue siendo un flan sin jerarquía y sin seguridad y el centro del campo sigue siendo gelatinoso, flácido, vacuo. Assunçao terminó expulsado, Jurado se desentendió, Reyes no apareció, Simao empezó intenso y terminó desaparecido, y no mejoró absolutamente nada con la entrada de Tiago o Raúl García.

El Getafe sólo sufrió durante los primeros minutos, en un saneado arranque de un Atlético que tocó y jugó, móvil y comprometido. Un espejismo que desapareció en cuanto Casquero empezó a lanzar a sus hombres de banda. Y entre la molestia que generaba un hiperactivo Soldado se le filtraron a la defensa rojiblanca dos puñales: Manu por la izquierda y sobre todo Pedro León por la derecha. El primero remató en el segundo palo un buen servicio del segundo en el gol del partido. Una buena jugada que descubrió a la defensa del Atlético, blanda y sin jerarquía en el mejor y más generoso de los casos.

La segunda parte afirmó y marcó todas las tendencias que apuntó la primera. El Atlético no tuvo reacción, no mostró ninguna intención, ni calidad ni vida espiritual. Se dejó ir sin constantes vitales, un fantasma sobre el césped que no dio tres toques, no llegó ni siquiera obligado por la necesidad y, con diez, puso en bandeja el triunfo a un Getafe que no se movió del aprobado raspado y aún así pudo remachar en un par de buenas ocasiones de Soldado. El rival no le exigió más y el partido fue durante muchos minutos más que insulso; plano, previsible, sin tensión.

Seguramente esa segunda parte retrate el momento actual del Atlético. Porque ni siquiera tuvo ilusión, capacidad para llevar por aire o mar ya que por tierra no había forma. Porque ni siquiera se las ingenió, como suele acostumbrar, para lanzar un puñado de balones a Agüero y Forlán, los que tantas veces le dan réditos que su juego ni merece ni justifica. Ante un Getafe simplemente sólido, el Atlético se hundió en su propia vulgaridad a las primeras de cambio, sin presentar siquiera batalla. Y tiene la Champions a once puntos. Casi cuatro partidos y una vuelta de la Liga por delante. Negro, muy negro panorama...

Fuente: AS
Gracias Uld!
#179685
EL PORTERO NEGOCIA SU NUEVO CONTRATO
De Gea, hasta 2013 de rojiblanco

El meta pasa a tener ficha con el primer equipo • Su cláusula, de 12 a 20 millones

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David de Gea renovará próximamente con el Atlético de Madrid hasta 2013. Sus representantes negocian desde hace varios días el nuevo estatus del joven guardameta rojiblanco con la entidad madrileña.

De Gea pasará a tener ficha con el primer equipo tras haber disputado más de cinco partidos oficiales con la primera plantilla colchonera: 3 en Liga (Zaragoza, Mallorca y Getafe) y 3 en Copa del Rey (la eliminatoria ante el Recreativo y la ida frente al Celta). A estos seis partidos hay que unir el de su debut, que fue ante el Oporto en Do Dragao en la Champions.

El nuevo contrato de De Gea traerá consigo una renovación automática por cuatro temporadas más, a partir de la presente campaña, por lo que su vinculación con el Atlético se fijará hasta 2013 y que sustituirá al firmado en marzo de 2008 cuando rubricó su primer contrato profesional. Por entonces, su futuro con el club de la ribera del Manzanares quedó ligado hasta 2011, pero en el caso de subir al primer equipo debía hacerse una serie de modificaciones.

Aparte de la ficha, la cual verá incrementada como es normal en los próximos cuatro años, otro aspecto que se modificará en el nuevo compromiso de De Gea es la de su cláusula de rescisión. La anterior estaba cifrada en 12 millones de euros y la nueva será de 20.

De Gea vive actualmente un momento dulce, ya que se ha hecho con la titularidad en detrimento de Sergio Asenjo. La suya ha sido toda una historia rocambolesca. Ha pasado de no contar para nada a la titularidad en seis meses. El meta estuvo a punto de irse cedido unos días antes de iniciarse la presente temporada, pero decidió apostar fuerte. Sin sitio garantizado en la primera y segunda plantilla, ha recogido el premio a su trabajo.

Fuente: MARCA
#179750
El Atlético se convierte en superviviente

Por un camino lleno de baches, el Atlético accede a semifinales de la Copa del Rey. A dos partidos de una final que puede arreglar una temporada hasta ahora con mucha más arena que cal. Forlán marcó tras un regalo de Noguerol y el Atlético, con muy poco fútbol y muy pocas llegadas, contuvo a un Celta que esta vez no tuvo la autoridad del Caldéron. Los de Eusebio echaron en falta las ocasiones perdonadas en la ida y se quedan con mucha dignidad en el camino como penúltimo obstáculo de un Atlético que, a trompicones, sigue adelante.


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Lleno de cicatrices, con el cuerpo molido a golpes y con cara de veterano de guerra, de quien se ha dejado jirones de alma por el camino. Sacudido, cansado y sin rastro de inocencia, el Atlético es semifinalista de la Copa del Rey. Le vapuleó el Recreativo y prevaleció con una exhibición de épica histérica en el Calderón. Le ninguneó el Celta y sobrevivió otra vez, esta vez a base de oficio y blindaje. Y con un toque de suerte. Un conjunto de argumentos que casi nunca se alían con un equipo que puede celebrar que no sufrió demasiado ante un equipo de la zona mileurista de Segunda División. Es lo que hay.

No fue mejor el Atlético en Balaídos pero impuso la ley del más fuerte, que era él aunque nadie que viera la ida podía apostar por ello. Allí, en la orilla del Calderón, se dejó el Celta las semifinales. Fue tan superior, llegó tanto y dominó de forma tan insultante, que el 1-1 sonaba a master de supervivencia de los Quique. Así fue. Todo lo que perdonó el equipo vigués se le apareció como una visión fantasmal en el ecuador del primer tiempo, cuando Noguerol falló estrepitosamente y dejó el balón en los pies de Forlán, que galopó hacia la portería y definió con fuerza y estilo. Se llama pegada. La da el presupuesto. Va implícita en la diferencia de categoría.

Eso mató a un Celta que a los puntos mereció la eliminatoria. Pero el fútbol no es boxeo y no es el festival de Eurovisión, aunque con al defensa del Atlético a veces pueda parecerlo. Y lo que cuenta es el knockout, la dinamita. El Celta perdonó en la ida y el Atlético mató en la vuelta. Fin de la historia y los de Quique en semifinales de Copa. De derrota en derrota, como mínimo de susto en susto, hacia la victoria final. Queda en el Caldéron motivos para la sonrisa porque con todo lo que ha llovido, con todo lo que se ha escrito en los diarios y se ha gritado en las gradas, el Atlético está a dos partidos de volver a la finalísima de la Copa del Rey.

El Atlético se blinda

Como la noche basculaba entre el bálsamo y los cuchillos largos, Quique se guardó los experimentos y apostó por lo que ahora mismo parece su equipo ideal, que hay que asumir que incluye a De Gea y que se reinventa en la medular con un doble pivote de hierro: Assunçao y Tiago. Por delante, toda la dinamita y noventa minutos para salvar el cuello y lavar la imagen. Lo segundo era accesorio y se consiguió solo a medias. Lo primero innegociable, y se logró con un golpe de suerte, mucho trabajo y el infaltable sufrimiento final.

El balón fue del Celta otra vez, como en la ida, pero esta vez sin filo, sin veneno. Salvo en los primeros minutos en los que Antonio López vivió un vía crucis en su banda y Aspas, Abalo y Michu se mostraban hiperactivos, el partido se vivió sin apenas llegadas en el área. El Atlético apenas construyó fútbol, llegó con cuentagotas más allá del gol casi regalado, pero se mostró más sólido de lo habitual, con un centro del campo más impermeable bajo el mando de un Tiago algo acelerado de cabeza y lento de pies pero con jerarquía y pulmones. Hasta Perea se manejaba con una seguridad que llegaba a la defensa desde la medular y desde la portería, donde De Gea lució fundamentos en las salidas y maneras de portero con fundamentos de manual.

En el segundo tiempo el partido se resquebrajó tras muchos minutos de pacífica tranquilidad para el Atlético. Ya sin Tiago y bajo la lluvia, los colchoneros parecieron tomar finalmente el mando cuando al Celta la fallaba la energía y la fe. Ahí empezó a aparecer Agüero y cabalgó Forlán, que perdonó igual que Simao ante un acertado Yoel.

Cuando la sentencia parecía en camino, el Celta tuvo un último hálito de vida, se reconstruyó en torno a Trashorras y puso nervio a la recta final del partido con una referencia arriba, Joselu, que remató al larguero en un balón que llevaba tarjeta de embarque hacia la prórroga. Esta no llegó porque hoy era la noche de un Atlético blindado, duro, con un toque de suerte y un espíritu de sufrido superviviente. Con cicatrices y moratones, con más sudor que fútbol, pero en semifinales. En medio de la tormenta, a dos pasos de la gran final de Copa. Así es el fútbol, así es el Atlético.

Fuente: AS
#179757
Bueno a los puntos el Celta dice este...

El partido del Calderón tuve la suerte de no poder verlo... Pero si el Atlético hoy con las contras que ha tenido le mete 0-4 a esta gente tampoco pasa nada...

Aún así, fiel a su eterno estilo... sufriendo hasta el 94...
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